En el año 2021, el Bigelow Institute for Consciousness Studies (BICS) convocó un concurso a nivel mundial con un objetivo tan ambicioso como trascendental: demostrar “La mejor evidencia para la supervivencia de la conciencia después de la muerte física permanente”, a través de una tesis de 25.000 palabras.
El certamen ofrecía un premio de un millón de dólares, repartido entre los tres primeros ganadores, y exigía una serie de rigurosos requisitos científicos para poder participar. Yo cumplía con todos ellos, por lo que decidí aventurarme e inscribirme en el desafío.
En este estudio me acompañaron la doctora María José Cardoso, la neuropsicóloga Antonia Esteban y la doctora en psicología Isabel Martínez.
El jurado estuvo conformado por científicos de gran renombre internacional, encargados de evaluar los ensayos y validar si las credenciales de los participantes estaban a la altura del nivel de exigencia del certamen. Mi equipo y yo fuimos aceptados.
Se presentaron alrededor de 1.300 investigadores de todo el mundo. Tras un primer corte, 1.100 participantes fueron eliminados. Nosotros logramos permanecer entre los 200 seleccionados, aunque finalmente no estuvimos entre los ganadores.
Aun así, puedo decir con orgullo que formamos parte del concurso con mayor implicación científica a nivel mundial en torno a este tema, contribuyendo al diálogo internacional sobre la supervivencia de la conciencia más allá de la muerte.